Se hizo…
Magia

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Alfredo Medina Moreno *

 

Agradezco la oportunidad de poder estar junto a tantas firmas importantes aquí, en Canarias en Positivo. Ya el título de esta plataforma predispone y motiva.  Escribo estas líneas en el ecuador –espero- del estado de alarma, cuando nos preparamos para poder salir a pasear y a hacer deporte.

 

De todo lo vivido y lo que estamos viviendo, quisiera contar una acción de la que nos sentimos muy satisfechos en El Corte Inglés.  Tuvimos conocimiento de que muchas de nuestros mayores habían perdido el contacto con sus seres queridos, lo que añadía una dosis extra de dureza a todo lo que están viviendo, bien sea en una residencia o, peor aún, estando ingresados en un centro hospitalario; desde el inicio del estado de alarma, se prohibieron todas las visitas a las residencias de mayores y, obviamente, tampoco eran posibles las visitas a los ingresados en hospitales.  Algunos de nuestros mayores entendían lo que estaba sucediendo; pero otros, ya tienen muchos años de vivencias y recuerdos…y sólo sabían echar de menos a los suyos.  Lo peor de todo es cuando no tenían la oportunidad de regalar su última sonrisa.

 

Nos pareció que podíamos hacer algo, y quisimos aportar 40 tablets al Servicio Canario de Salud.  La tecnología está para hacernos la vida mejor, para acortar distancias, para acercar sentimientos, para hacernos más felices a todos.   Julio Pérez, nuestro Consejero de Sanidad del Gobierno canario, en unos días absolutamente vertiginosos, puso a su equipo rápidamente a disposición de esta iniciativa, que empezó a funcionar precisamente el Jueves Santo.  Se distribuyeron en los hospitales de las dos provincias, en algunas residencias y allí donde había alguien que lo necesitaba.

 

Pasados unos días, nos empezaron a contar que esas tablets estaban haciendo magia, pura y directamente magia. Algunos mayores no sabían que podían ver a sus nietos en “eso, que es como una tele chica”;  se animaban mucho después de diez minutos hablando con sus hijos y viendo los dibujos que los nietos les tienen preparados para cuando se vuelvan a ver;  otros, pensaban que esas modernidades se ven sólo en las películas; “¿Ves que guapa es mi nieta?”, “El de la barba es mi hijo el mayor, es piloto”, “Ese es Carlos, mi nieto. Está en la universidad, ¿no te gusta para ti?”.  Y muchas más conversaciones entre pacientes y sanitarios, que enriquecían la situación humanitaria que compartían.  Hubo quién derramó alguna lágrima, mezcla de ilusión y de esperanza por salir pronto; pero también algún enfermero lloró porque era la primera vez que veía sonreír a su paciente.

 

De pronto, la vida entre esas cuatro paredes mejoró mucho, se oían voces nuevas, se veían caras nuevas, nuevas sonrisas que iluminaban más que la mejor luz, porque muchos de nuestros abuelos y abuelas volvieron a sonreír.  En algunos sitios, tuvieron que hacer turnos para que todos pudieran usar la tablet, que se convirtió –con toda modestia- en la tecnología más famosa de las plantas de hospital.  De un plumazo, desaparecieron las distancias y padres, hijos y nietos se volvieron a juntar.  Todos cabían en las reducidas dimensiones de una tablet.  El personal sanitario se mostraba agradecido de poder contar con algo que aporta al enfermo algo tan valioso como la mejor medicina: la ilusión, la motivación, una razón más para curarse y salir pronto a abrazar a los suyos.

 

Y son sólo unas tablets; si se piensa, total, nada.  Un poco de la tecnología que usamos todos los días pero que, puesta al servicio de mejorar la vida de estas personas, adquiere su verdadero valor.  Para nosotros, saber que somos útiles es la mejor recompensa; no necesitamos más.   No hicimos ninguna comunicación de eso, que lo cuento en estas líneas porque encaja perfectamente con el propósito de esta plataforma.

 

Sólo ser positivos nos va a ayudar, porque el pesimismo jamás hizo avanzar al hombre.  Volveremos a empezar, en otro punto distinto de donde lo dejamos, de otra forma y con otras reglas.  Pero con los mismos valores que nos han traído hasta aquí; recuperaremos hábitos de nuestra infancia, ya olvidados por nuestra generación y desconocidos por la de nuestros hijos.  Pero sabiendo que nos queda mucho y bueno por delante, que lo mejor está por llegar.  En pleno canal del parto la criatura desconoce que lo tiene todo por delante, pero que para entrar en su futuro tiene que pasar por ahí, salir de ahí.

 

Y saldremos. Y seremos distintos, pero seremos nosotros.  Volveremos a dar importancia a lo importante; recordaremos que es mejor sentir antes que tener.  Veremos que para ganar hay que dar.   Cambiaremos, todos. El día después no se va a parecer nada al día antes, salvo en las personas.  Y no es ni la primera ni la peor pandemia que ha pasado nuestra especie, y aquí estamos.  Daremos nuevos usos y significados a la tecnología que, mucho más que nunca, nos va a permitir comprar, trabajar, estudiar, divertirnos…

 

Por último –que no lo último- quiero reconocer el impagable sacrificio y entrega de todo nuestro personal sanitario, que nos cuidan, aunque les vaya su vida en ello.  Nunca podremos aplaudirles como se merecen.  No hay suficientes balcones.

 

* Alfredo MEDINA MORENO

Jefe del departamento de Comunicación y Relaciones Externas.

El Corte Inglés en Santa Cruz de Tenerife.

Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de La Laguna (ULL)

Administración y Dirección de Empresas (A.D.E.)

 

7 de mayo de 2020.

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