UNA RESPUESTA
SOLIDARIA

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Isidro González Afonso *

 

Saludo la llegada de “Canarias en Positivo” con unas líneas a modo de breve reflexión sobre el mundo que nos encontraremos cuando termine este inesperado trance actual en el que nos encontramos. Precisamente aventurarse a adivinar el futuro se ha puesto de moda estos días y la prensa nos inunda cada mañana con sesudos análisis que, en no pocos casos, pecan en mi opinión de cierta candidez y voluntarismo, describiendo no el mundo que tendremos tras la pandemia sino más bien el que querríamos tener, con llamamientos a cambios de modelo, crecimiento verde, etc.

 

Es difícil en la actual coyuntura hacer honor al nombre de este medio y escribir “en positivo”, porque todo apunta a que nos vamos a encontrar una Europa y una España depauperadas, con altos niveles de desempleo, precariedad y un riesgo no menor de que en ese caldo de cultivo prosperen las respuestas populistas, excluyentes y que a la larga nos empobrezcan material y sobre todo moralmente. La primera batalla será por tanto lograr una respuesta coordinada, solidaria y alejada del miope cortoplacismo.

 

Me preocupan especialmente dos asuntos cuando hablamos desde un prisma internacional: el debilitamiento de la democracia por las nuevas pulsiones autoritarias y, por otro lado, y de forma más concreta, el brutal impacto que el COVID19 podría tener en nuestra muy cercana África, continente que podría quedar abandonado a su suerte si repetimos los drásticos recortes en la ayuda al desarrollo en Europa que ya vivimos durante la crisis económica iniciada en 2008.

 

Se equivoca gravemente el que piense que con nuestra maltrecha economía cuando recuperemos la normalidad no podremos socorrer a otros países, pues de no hacerlo el precio que pagaremos a medio plazo será muy alto, posiblemente haciendo frente a una catástrofe humanitaria que podría dejar en casi una mera anécdota la crisis migratoria que Europa ha sufrido hasta fechas recientes.

 

Ante una gran crisis los países tienden a replegarse sobre sí mismos, llegan las dudas sobre el modelo económico y en algún caso incluso sobre el sistema político, y es en medio de esa incertidumbre cuando algunos miran a regímenes de corte autoritario como falsas soluciones. Ocurrió tras la crisis del petróleo de 1979 (donde Amin Maalouf sitúa el origen de lo que ha llamado “el naufragio de las civilizaciones”), volvió a suceder tras el fatídico 11-S, y una vez más fue la tónica dominante tras el “crash” de Lehman Brothers en 2008. Ahora el país que según todos los indicios saldrá mejor de esta crisis y al que todos miran es China, que, dudas aparte sobre las cifras de afectados y fallecidos por el COVID19, parece haber contenido la pandemia.

 

Incluso ya hay analistas internacionales que se aventuran a decir que su previsible “sorpasso” a EE.UU. como primera economía mundial (se calculaba que sería en torno a 2050) podría adelantarse décadas. Yo prefiero resaltar como ejemplo a su vecina Corea del Sur, modelo exitoso de contención del virus que incluso ha dado una lección de democracia y una exhibición de medidas contra el contagio celebrando unas elecciones, que además han contado con una alta tasa de participación.

 

Saldremos de la crisis que llegará como podamos, no va a ser fácil, y ojalá aprovechemos para aprender la lección y recuperar nuestro cuestionado hasta hace poco Estado del Bienestar, para reforzar modelos energéticos sostenibles, sin olvidarnos del acuciante problema del cambio climático y, especialmente, sin renunciar a nuestros valores y principios y a su defensa en el mundo. Ese será el legado que dejaremos a nuestros hijos.

 

* Isidro GONZÁLEZ AFONSO

Diplomático.

Secretario General Adjunto de la Unión por el Mediterráneo (UpM) para las competencias de Agua, Medio Ambiente y Economía.

Ex cónsul de España en Rabat y Jerusalén.

 

20 de abril de 2020.

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