VISIONES ATLÁNTICAS / 099
Chile a la deriva

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Hugo Luengo *

 

 Este domingo 4 de septiembre de 2022, se enfrenta Chile a la decisión más importante en decenios. Votan el plebiscito Constitucional, donde actualizarán la Constitución vigente desde 1986 con Pinochet. Las protestas de orden público de 2019, colocaron al último gobierno de centro derecha de Sebastián Piñera, en la tesitura de abrir el melón constitucional. Eligieron en 2021, a los 155 miembros de la Asamblea Constituyente, con 37 electos de “Chile Vamos” de Piñera, 27 de “Concentración” de Michele Bachelet, 28 del “Partido Comunista”, 48 de Partidos Independientes y 17 de los “Pueblos Originarios de Chile”. Con el mandato de preparar en un año la propuesta de Constitución, para la votación de este domingo.

 

Al día de hoy las encuestas señalan por escaso margen, el triunfo de los que se oponen a la misma. En medio de este proceso, en diciembre 2021, en sus elecciones legislativas a la presidencia de la República, se eligió en segunda vuelta a la coalición “Aprueba Dignidad”, con el 55,87% del voto, contra la coalición “Frente Social Cristiano” de José Antonio Kast con el 44,13 %. Salió elegido Gabriel Boric, originario de Punta Arenas, la provincia más al sur de Chile, Magallanes, una de las 16 del país. Es licenciado en derecho y de ascendencia croata, tomó posesión el 10 de enero 2022 y formó gobierno el 11 de marzo de 2022, con 14 mujeres y 10 hombres más él 25, para que cupieran en su gobierno todos los grupos de la coalición.

 

Las derivas constitucionales que propone, nos llevan al final de una época, con una Constitución, con dos problemas nucleares y uno principal.  En los primeros se define Chile, como “estado plurinacional, intercultural, regional y ecológico”. Al tiempo que reconoce 11 naciones indígenas con libre autodeterminación, señala a Chile como “territorio único e indivisible”. Suprime el Senado y conforma la “Cámara de las Regiones”, donde estarán las 11 naciones en igualdad de condiciones, cuando los Mapuches son casi el 80% de los indígenas, el 12,8% de los chilenos, que no llegan a 20 millones, el tercio vive en Santiago. Generando el conflicto de territorios que hemos visto en la historia, con en el imperio Austro-Húngaro, la vieja Yugoslavia y hoy en el Líbano.

 

Esta doble verdad enfrentará sin solución al poder central con sus indígenas. Con la misma técnica consagran las desigualdades del “multiculturalismo”, con derechos segmentados por encima de los propios de las “socialdemocracias liberales”, de igualdad, libertad y fraternidad. De manera que las desigualdades de geografía, dignidad, animales sintientes, naturaleza humanizada, ideología de género, aborto, eutanasia, formarán el nuevo catálogo de derechos bolivarianos, que harán ingobernable al país.

 

El problema principal está ligado a conformarse como “constitución peronista”, al modelo de la argentina de Perón (1946-1952), que incorporaba en su núcleo los principios del “constitucionalismo social”, con derechos de segunda generación. Con ello deriva la Constitución hacia una estructura incapaz de ofrecer respuesta a distintos modelos socioeconómicos, con un sistema confiado a la subvención clientelar y no al mérito, sin capacidad de cambio, modificación o adaptación. Con derechos irrenunciables e inflexibles y para siempre.

 

La plurinacionalidad y las desigualdades del “multiculturalismo bolivariano”, deconstruyen con la nueva Constitución chilena, una de las naciones del sur americano más boyantes, como hemos visto en su modelo de “sistema de pensiones” en capitalización privada y no de reparto, copiado de la socialdemocracia sueca de los años 70, acosados en la nueva constitución. Que apuesta para todo en el todo público, con escasas ventanas para lo privado; escuela, familia, educación y pensiones a la defensiva. El domingo los chilenos se juegan el futuro, sin conocer los impredecibles efectos de su voto.

 

*  Hugo LUENGO BARRETO

Arquitecto y bodeguero.

 

Islas Canarias, 5 de septiembre de 2022

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