VISIONES ATLÁNTICAS / 282
Priorizar la familia

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Hugo Luengo *

 

 

Nuestras democracias liberales se soportan en instituciones, una esencial es la familia. Cuya mayor crisis vemos en el drama del envejecimiento de la población en Europa y España, el problema de mayor calado del continente. Lo vemos en nuestras calles, con ancianos en sillas de ruedas, jubilados paseando perros, esquinas comerciales ocupadas por prestadores de salud, colas sanitarias colapsadas, al igual que las prestaciones de dependencia. La economía productiva se resiente al no encontrar empleados para contratar. El envejecimiento no reparte las cargas entre las generaciones de forma equitativa y las expectativas no se atienden de forma neutral.

 

España evita realizar la reforma fiscal que precisa, operando sobre ingresos, gastos y deuda. Los déficits se cronifican, la deuda crece y la reforma fiscal se aplaza. Sin disciplina presupuestaria, no hay reforma fiscal sostenible, imposible cuando contra ley, no tendremos Presupuestos Generales en esta legislatura. Sin reglas fiscales exigentes e igualitarias, sin evaluación sistemática del gasto público y sin instituciones sólidas, no es posible conciliar políticas.

 

La concentración del gasto público en los mayores obedece a causas electorales, que restan recursos a familias y trabajadores activos. El problema responde a una realidad desaparecida, donde la existencia de un país joven, con elevadas tasas de natalidad y trabajos estables ya no existe. El resultado es una transferencia de rentas de jóvenes precarios hacia los mayores, convirtiendo las pensiones en una “estafa Ponzi”.

 

Abandonado el “Pacto de Toledo”, España cuenta con el sistema de pensiones más generoso del mundo, al tener una “tasa de sustitución” (relación entre lo cotizado y lo cobrado) del 80%, cuando la media UE es del 60% y las cotizaciones sólo pagan el 70% de lo percibido. Hemos pasado del 6,3%PIB de coste en 2006 al 11,85% a cierre 2025, con un crecimiento previsto incontrolado.

 

Priorizar la familia y su natalidad, exige operar sobre la vivienda, pensiones y salarios. La vivienda protegida es una obligación constitucional, que no se cumple desde el año 2000, ligada a autonomías y ayuntamientos, con el estado regulando el marco jurídico básico y las ayudas familiares. Esta prestación joven es salario social, que las posguerras de Europa y España ofrecían, sin las cuales no es posible consolidar las familias.

 

Máxime en España, con un parque público de vivienda que no llega al 3%, cuando en Europa está en el 10-30%. El déficit acumulado exige priorizar la acción público-privada, equilibrando pensiones y gasto público improductivo, que algunos estudios sitúan en los 90.000 millones de euros. Mejorar las más bajas ayudas familiares de la UE, con España en el 4,1% PIB y media UE en el 7,2%.

 

Priorizar la familia, exige revertir la corrupción que degrada la democracia. Cosméticas al margen, precisa operar sobre los elementos estructurales que la han convertido en sistémica. Aquí está la politización de los niveles directivos de las administraciones públicas, que deben ser institucionales, no cargos del partido y con probada capacidad.

 

La inflación normativa y la capacidad regulatoria, se convierten en elementos que encarecen y dificultan la gestión y sus plazos, reflejan el desconcierto del sistema político alejado del mundo civil, de sus empresas y técnicos. Además, operar sobre el diseño antidemocrático de los partidos políticos, donde se premia la obediencia y no el mérito. Y cuya falta de transparencia, permite su extendida financiación ilegal.

 

Priorizar la familia exige recuperar sus valores, revertir la legislación “podemita”, que penaliza contra la Constitución la igualdad del varón. Deconstruye y acobarda la masculinidad, y fomenta una feminidad amazónica, ajena a nuestra realidad sociológica; que invade el ámbito privado familiar. Los valores de la espiritualidad familiar occidental, los transporta la familia, institución que construye la sociedad, su sistema político y es soporte de la natalidad.

 

De actualidad las reflexiones de la reportera italiana Oriana Fallaci (Florencia 1929-2006), que entrevistó a Jomeini, a Gadafi y a Arafat. Decía que el islam es incompatible con Occidente, en términos religiosos, políticos, jurídicos y culturales.

 

Como ideología es teocrática, intolerante y expansionista. Su emigración amenaza nuestra identidad, laicidad y derechos de la mujer. El islam pliega los derechos del individuo a la sociedad, que no separa iglesia de estado. Europa confunde la tolerancia con la renuncia a tener sus propios valores.

 

 

Hugo LUENGO BARRETO

Arquitecto y bodeguero.

 

 

Islas Canarias, 20 de abril de 2026

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