VISIONES ATLÁNTICAS / 295
Patrimonio e identidad

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Hugo Luengo *

 

 

A inicios de verano la “Fundación Tocqueville” reúne su congreso anual con especialistas franceses y americanos, en torno a “La Democracia en América” (1840 y1845), donde analizaba el tránsito del antiguo orden aristocrático a las democracias liberales, que fundó EEUU con su Constitución de 1787. Único estado fundacional democrático en el cambio a la “Era Contemporánea”.

 

En el cambio a la “Era del Conocimiento”, asistimos a la devaluación de las democracias liberales. que alguien califica hoy como “cansadas”. Alexis de Tocqueville, refería cinco conflictos básicos a atender, la “tiranía de la mayoría”, que no respeta otras opciones, como vemos en tiempos del muro. El “individualismo”, que no se responsabiliza del bien común.

 

El “despotismo blando” paternalista, que compra voluntades con subvenciones y más impuestos. La inexistencia de “Asociaciones”, que son la fortaleza de las sociedades civiles. Y la estabilidad, que señalaba Tocqueville, la da en democracia la “religión”, entendida como moral que pone límites y dota de pertenencia e identidad a las naciones.

 

Una sociedad abierta no se defiende renunciando a sus principios. No sobrevive cuando el individuo queda sólo ante el estado a el mercado. Anulamos nuestra base cultural renunciando a los valores de la civilización cristiana, como negó el Tratado fundacional de La UE.

 

Sin alma común, nos plegamos al islam, que nos exige sin reciprocidad, espacios de culto, regular la familia, la educación y el estatuto de la mujer, al margen de nuestra Constitución.

 

Aparece media Europa con “taifas islámicas” ajenas al poder del estado que los recibe, incapaz de integrarlas por muchas generaciones que pasen. Democracias sin ciudadanos activos, que piden más derechos, sin verse obligados a más deberes, ni participación ciudadano o política.

 

Sumamos ahora las anticonstitucionales leyes de Memoria Histórica (2007- Zapatero) y Memoria Democrática (2022-Zánchez), ambas contra la Ley de Amnistía de 1977, soporte de la Constitución de 1978.

 

La segunda concilió las enmiendas del gobierno “Frankenstein”, integrando las de Bildu-ETA, que incluían ampliar el marco temporal hasta 31 diciembre 1983 para penalizar a los GAL de la socialdemocracia de Felipe González, La reparación de la violencia policial, soporte para la expulsión de la policía nacional y guardia Civil de las autonomías del “Tinell”. La nulidad de las condenas franquistas y la retirada de los símbolos franquistas.

 

Al descender al ámbito autonómico, ofrecen las lecturas sesgadas por las ideologías del muro, que vemos en el Dictamen con la ley del 2007 al Monumento a la Paz, por parte de la doctora Navarro. Mientras lo soporta en las opiniones de Simone Weil, que asume reciprocidad de enfrentados, y apoya proporcionalidad y neutralidad.

 

Cita de Maurice Halbwachs, quien señala que el pasado no se conserva, se reconstruye y se acomoda a las mareas sociales. Para acto seguido apuntarse a la tesis del “pseudorrevisionismo de la transición del 78”, blanqueando la tradición democrática de la II República. Guerra civil, rebelión de sublevados dice contra la legalidad republicana.

 

Discurso político, que nadie le pidió, y con el cual ataca el mito de una transición modélica, exige responsabilidades al pasado, descalifica el “franquismo sociológico” y a los ex votantes del PSOE. Soporte doctrinal con el que imagina una simbología del Ángel Caído de Ávalos, ajena a nuestra tradición cristiana, a la opinión del propio escultor y de su Fundación, siendo hoy escultor de reconocimiento internacional.

 

El odio del Frankenstein lo ejerce el ministro de Arucas, Ángel Víctor (Ángel de la Victoria), azuzando el pleito insular y el franquismo, tan querido por un gobierno atrapado en sus corrupciones. Cuesta entender que demonicen la hélice del Canarias y se la lleven en exposición al Museo naval de Las Palmas.

 

Los menores de 40 años desconocen quién fue Franco y los libros de historia de bachiller falsean la historia de nuestra guerra incivil, la Constitución de izquierdas de 1931, la revolución bolchevique de 1934, las elecciones falseadas de febrero de1936 y la expulsión del presidente de la República.

 

Más allá del monumento a la Paz, ya siquiera es símbolo de paz y reconciliación, sino de identidad de la sociedad de Santa Cruz. Nuestra ley de Patrimonio de 2019, permite su reconocimiento como BIC y como Catálogo municipal.

 

Lo mejor su incorporación en el circuito de la “Expo Internacional Escultura en la Calle 1973-74”, exportada luego a toda España. El Ángel de la Paz, es la que aparece con más “selfies”,

 

 

Hugo LUENGO BARRETO

Arquitecto y bodeguero.

 

Islas Canarias, 20 de julio de 2026

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