VISIONES ATLÁNTICAS / 297
Supervivientes
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Hugo Luengo *
El efecto de mayor calado, luego de años de crisis, escándalos, cambios de gobierno, incapacidad de aprobar presupuestos y de gobernar, es la destrucción de la confianza en el estado, que el ciudadano lee como rotura de su contrato social, que degenera la democracia.
Donde ideología y muros, han cerrado el camino a la razón, la ilustración y la verdad. Sociedad y España vaciada “quemados”, que dejan un paisaje de supervivientes. Contra el deseo ciudadano de hacer equipo, todos por el bien común.
“Supervivientes” cuyo comportamiento se reduce a unas pocas reglas. Alta “capacidad de adaptación”, indistintamente “no es no”, o “si es si”, o ambas al tiempo, “oximorones” de verdad doble al gusto de la situación. “Piel de rinoceronte”, se aguanta de todo, conformando la línea de protección del líder.
“Control de la maquinaria del partido”, financiación, listas electorales y avales, sólo así se sobrevive en las crisis. Construir “relato y victimismo”, donde el enemigo siempre está fuera, obliga a la invasión sistemática de instituciones y empresas.
La polarización del muro fideliza a los propios e impide cualquier pacto de estado. De manera que “el totalitarismo triunfa porque ya nadie distingue entre verdad y mentira” (Hannah Arendt).
Leemos a los “supervivientes” con dos nuevas referencias, funcionan con un sistema de “capitalismo de amiguetes” (el crony capitalism anglosajón), y se conforman dentro de democracias liberales como organizaciones análogas a las “nomenklaturas” de los sistemas comunistas.
El primero es propio de los países del sur de Europa. Se apoya en sistemas con elevadas subvenciones y mercados internos seccionados, estancos y sobrerregulados, rompiendo competencia y mercado, lo opuesto a las reglas de la Unión Europea vigentes y su liberalización de servicios.
Castiga por el centro a las clases medias más productivas, se liga a las clases bajas de por vida al estado y se consolida una pequeña clase alta extractiva, favorecida en un mercado desigual. Por ello se exige recuperar la confianza, seguridad jurídica y libertad, reducir impuestos y burocracia, específicamente a jóvenes, autónomos y mundo agrario.
La “nomenklatura” añade rasgos preocupantes. Eran en la Unión Soviética y hoy en los comunismos del mundo, los encargados del control de la burocracia estatal. “Élites entre las élites”, que hacen los nombramientos y revocaciones de cargos.
Clientelismo reforzado, donde la lealtad al líder es el camino del ascenso, obediencia frente a mérito. Inducen con ello la desconfianza de las sociedades civiles respecto de sus sociedades políticas.
Y al descrédito de los partidos políticos ajenos a la realidad y organizados como estructuras no democráticas, soportadas en financiaciones ilegales. Es la verdadera clase dirigente y privilegiada, siquiera tiene que estar incorporada en cargos públicos.
Se sostienen por encima de las instituciones, como vemos en los casos de Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua y Cuba. El partido coloca a los suyos a condición de mantener lealtad y silencio. El poder les confiere privilegio de superioridad moral, por encima de normas y leyes, donde se integra a la familia y al círculo más próximo, o sea a su “nomenklatura”.
Convicción narcisista de inmunidad a la acción de la justicia, como vemos en el caso Zapatero. Acaba el partido convertido en una “organización criminal”, donde califica de traidores a los arrepentidos, a quienes aplica una “omertá mafiosa”. Declaran inocentes a los sospechosos, actúan para destruir testigos, jueces y medios no afines, mientras invaden instituciones y empresas.
Y llegados al extremo construyen pruebas falsas, como en el caso Leire, que arrastra la responsabilidad política del partido como persona jurídica, Al igual que su “financiación ilegal”, donde se vuelve a aplicar el rigor de la ”omertá”, mientras desde el partido miran hacia otro lado.
“Supervivientes” de una nomenklatura, que es la nueva aristocracia en el poder. El partido convertido en un instrumento al servicio de la supervivencia del líder. Ya siquiera queda la coartada moral de gobernar para el bien común, cuando el partido ya sólo pretende salvar al soldado “Sánchez”.
Cuando ya sólo aspiramos a una huida hacia delante, es que la cuenta atrás ha comenzado. La espera profundiza la tragedia, que se nos mostrará en toda su crudeza al levantar las alfombras.
Hugo LUENGO BARRETO
Arquitecto y bodeguero.
Islas Canarias, 3 de agosto de 2026.



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