Aceptación de la Medalla de Santa Cruz de Tenerife al Mérito Cultural

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Palabras de aceptación y agradecimiento pronunciadas por el músico tinerfeño, compositor y director de orquesta Diego Navarro Reyes, al final de la Sesión de Honores en la que se le hizo entrega de la Medalla de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife al Mérito Cultural en su modalidad de Oro. Acto solemne celebrado en el Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, el 10 de noviembre de 2022.

 

 

Diego Navarro Reyes *

 

 

¡Muy buenas noches a todos y mil gracias por acompañarme en uno de los momentos más felices de mi vida!

 

Estoy pletórico, inmensamente agradecido, orgulloso y, para serles sincero, aun incrédulo. No me termino de creer que esto esté sucediendo. Quiero dar las gracias en primer lugar al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife por este reconocimiento que me otorgan con 49 años, días antes de cumplir los 50.

 

Gracias en especial a nuestro alcalde, José Manuel Bermúdez, por su iniciativa para conmigo, pero gracias en especial a la persona que es, y no solo al cargo que ostenta. Si hay alguien que ha sabido escuchar, entender y apoyarme públicamente es él y por ello quiero empezar estas palabras con mi eterna gratitud.

 

Me gustaría hablarles de mis comienzos: soy el pequeño de una familia compuesta por personas muy nobles de corazón y amantes de la música. Soy hijo de Lorenzo Navarro, gran aparejador, pianista y pintor amateur, sensible y de gran corazón, y Arecia Reyes, la perfecta ama de casa doctorada en Harvard en finanzas y economía doméstica para sacar adelante una familia numerosa. En mi casa, mi padre tocaba en su piano temas de Cole Porter y boleros varios, mientras mi madre le acompañaba cantando.

 

Mi hermano mayor, Lorenzo, es un hombre cabal y valiente, un gran trabajador como lo fue mi padre. Arecia, nuestra incansable viajera, leal, inquieta, amante del deporte y la naturaleza; Esther, mi sensible cómplice, dotada de un radar para las emociones y para educar que se sale del planeta.

 

Toda mi infancia y juventud está ligada a la ciudad de Santa Cruz, a las dos casas en las que crecí en el Barrio de Salamanca y el del Toscal, nuestro núcleo en casa de mis abuelos. Todo mi ADN es profundamente santacrucero. Desde la casa familiar en la que creció mi madre enfrente de la Concepción, a la fábrica de Tabacos “Avenida” que su familia tenía por el barrio de las cuatro torres. Me enorgullezco de ostentar la bandera de chicharrero donde quiera que voy!

 

Adoro la historia de nuestra isla, hasta el punto de que, para la primera cita con mi mujer, la llevé a ver a donde, según la tradición, impactó el proyectil del cañón Tigre y a hablar del intento de conquista del general Nelson… como ven… ¡romanticismo en estado puro!

 

A pesar de haber crecido en una familia tan amante de la música, no pude disfrutar de formación musical hasta mi edad adulta, pero de forma inconsciente yo ya sabía que estaba “poseído”, permítanme la expresión, por algo que era mucho mayor que yo. Les voy a hablar de lo que siempre he denominado: “EL FENÓMENO”. Desde que soy consciente he tenido música en mi cabeza. En otros contextos históricos me hubieran hecho una lobotomía o quemado en una hoguera, pero ésta siempre ha sido mi realidad.

 

Para que me entiendan, les pongo en situación: años 80, era del Walkman… yo no me lo podía permitir, pero tampoco me hacía falta. Ya lo he contado en alguna ocasión: he corrido serios riesgos de atropello en mi vuelta a casa desde el colegio alemán, en donde estudié, escuchando música en mi interior. Mi lista de reproducción mental alternaba grandes clásicos y bandas sonoras, que yo percibía como si lo escuchara en un equipo de alta fidelidad.

 

Aquí viene lo curioso…, cuando acababan de sonar las piezas conocidas, mi mente las continuaba desarrollando realizando variaciones y finales alternativos. Cuando eso sucedía, entraba en un estado de euforia y excitación tremendo. ¡Eso, no hay que engañarse, también producía una gran distracción y abstracción! Ya de niño, musicalizaba mis juegos con los Geyperman o los Playmobil y me aislaba mucho en mi mundo, les ponía banda sonora a esas acciones. Como se podrán imaginar, no era el niño más popular del colegio.

 

Las grandes salas de cine de SC alimentaban toda esta discografía mental: el cine Rex, el Teatro Baudet, el Greco, los Óscar, mi particular cine de barrio: el Cine San Martín. Fue solo años más tarde que empecé a descifrar este FENÓMENO: Cuando entendí que ya era un creador, antes de ser consciente de ello.

 

Viendo el gran cine de los 80, afiancé mi profundo amor por la música unida a las imágenes, durante esas proyecciones a oscuras. Siguiendo con este símil de luces y sombras, como para casi todos, mi vida también tiene las suyas y llegamos a una etapa en tinieblas.

 

Como joven universitario decido romper con caminos trazados para comenzar el mío propio. Un día, mientras escribía el segundo movimiento de una sinfonía para orquesta clásica durante la clase de derecho penal, decido abandonar sin vuelta atrás la carrera, alentado por lo que había escrito en silencio durante años. Algunas de esas obras fueron de hecho estrenadas en pequeños conciertos estudiantiles.

 

Con mi beca por ser buen estudiante, compro mi primer sintetizador. Ahí inicio una revolución personal muy compleja, que tuvo daños colaterales. Comienzo una dura senda… sin medios, sin hoja de ruta, ni padrinos, ni brújula, solo armado de la seguridad de lo que sabía era capaz de dar… Y con la ilusión de llegar a buen puerto.

 

Fueron años de mucha, profunda y dolorosa soledad. Mis amigos del momento desaparecieron y, a pesar de tanta música en mi cabeza, me rodeaba el silencio.

 

Tras mi aprendizaje autodidacta, comienzo mi formación musical oficial y continúo empapándome de literatura analizando partituras de los grandes compositores, estudiando tratados de dirección y orquestación, nutriéndome con avidez desproporcionada de todo y más.

 

Estudio en el Conservatorio Profesional de Santa Cruz de Tenerife y culmino con las Reales Escuelas Inglesas de Música. De toda esta etapa formativa quisiera destacar la figura de David Goldsmith, un ser humano maravilloso, quien de todos mis maestros ha dejado la mayor impronta.

 

Buscando el apoyo que tanto necesitaba, creo una orquesta clásica integrada por talentosos estudiantes y refuerzos de profesores de la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST), con el amparo del extinto Conservatorio Privado de Santa Cruz de Tenerife. Celebramos dos conciertos, el 27 y 28 de diciembre del 95, el primero aquí en Santa Cruz, en la iglesia de San Francisco. El ambicioso programa incluía un concierto de Bach para violín y orquesta, una sinfonía temprana de Mozart, y culminaba con el estreno de una obra sacra basada en el texto del “Veni Creator Spiritus” que me facilitó mi amigo del alma, Andrés Brito.

 

Esta obra, que incluye coro mixto y 4 voces solistas, la escribí en 4 noches mientras mi familia dormía, a escondidas, en el silencio noctámbulo que abracé durante años. Fue mi primer trabajo de producción en solitario. Me encargué de la edición de todas las partituras, de coordinar los ensayos, grabar ambos conciertos y, por supuesto, de dirigir la orquesta. Imaginen la sorpresa de los míos cuando, esa noche, batuta en mano, supieron que yo iba a enfrentarme a semejante reto…

 

En esos años oscuros me propongo el “más difícil todavía” desde la isla, con el sueño de lograr una carrera como compositor para el audiovisual. Sin tener acceso a internet, armado de un listín telefónico y rotulador fluorescente, elaboro una lista de las principales productoras de cine españolas.

 

Ahí empieza una estrecha relación, con la que tengo citas regulares en una esquina…, una cabina telefónica entre la calle Zurbarán y General Mola, a la que acudía ansioso y cargado de monedas de 25 pesetas. El objetivo era conseguir una serie de reuniones concentradas en el mínimo espacio de tiempo, que justificasen una salida de Tenerife que apenas me podía permitir. Así arranca mi aventura en búsqueda de proyectos cinematográficos.

 

Y en medio de todas estas incertidumbres y de navegar en solitario, se produce un acontecimiento estelar en mi existencia que lo cambia todo: conozco en la terraza del Jet Foil de Santa Cruz de Tenerife a una joven artista y directora de hotel, que llega a mi vida y la llena de luz. Deposita en mí una FE inmensa, una confianza absoluta que ella siempre ha definido como: CERTEZA. Con ella llegan los cimientos en los que poder construir una catedral. Ella defiende ante mis padres la necesidad de apoyarme en mi lucha y desde ese momento se convierte en compañera eterna. Es el mejor ser humano que he conocido en mi vida. Bien sabes, Ana Molowny Martinón, que esta medalla es tan tuya como mía.

 

Mi mujer es la antítesis de esa frase: “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Ana camina a mi lado y, a veces, me adelanta en curvas para allanarme el camino, con ella no hay reto que no pueda superar! Ana ha traído a mi vida a su familia, que ya es la mía, a mi otra madre, tan pendiente de mí siempre y a un referente del padre, que lamentablemente perdí.

 

Porque…Lo agridulce de la vida es que mi primera oportunidad cinematográfica, después de que me cerraran tantas puertas, se abre con el nombre de PUERTA DEL TIEMPO, largometraje de animación con diseños del gran Antonio Mingote. Durante el proceso de escritura, mi padre se nos fue prematuramente con el orgullo de saber que ya se estaba materializando mi sueño. Conseguí traer la grabación de esta partitura a Tenerife.

 

La banda sonora de esta película, nominada a los Goya del 2003, fue la primera producción musical de un film nacional que se graba en nuestras islas. Ese es el origen de muchas cosas que suceden después. A partir de ahí, empiezo a desarrollar mi carrera en 3 vertientes:

 

Como compositor, director de orquesta y director del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife – FIMUCITÉ. El festival nace hace 16 años, de mi empeño personal basado en dos lemas familiares: “creer para ver” y no al revés y: “desde aquí se puede”, “desde Santa Cruz se puede” …

 

Mi trayectoria me define como un gran amante de mi isla, de mi ciudad, de lo mucho que defiendo la gran concentración de talento por metro cuadrado que tenemos en esta bendita tierra, que lamentablemente, y en algunas ocasiones, tiende a ningunear a los suyos y a creer por defecto que lo importado, siempre es mejor.

 

FIMUCITÉ es un escaparate al mundo de nuestra ciudad y nuestro destino: Tenerife, de nuestros inmensos artistas. Somos el festival de música de cine más antiguo de Europa.

 

Siempre agradeceré a nuestro amigo y compañero de trincheras, Pedro Mérida, aceptar el reto que le planteé hace 17 años en el reloj del parque García Sanabria, para formar parte de una aventura musical que luego nos llevó a FIMUCITÉ. Gracias por acompañarnos a Ana y a mí a sacar adelante este proyecto tan ilusionante en el que muchos no creían.

 

Desde mi estudio, aquí encima, en la calle Costa y Grijalba, es desde donde escribo cada proyecto, creando para el mundo producciones que se estrenan en cines o en plataformas digitales como Netflix o Disney. Piensen en la elipsis: La maravilla de visionar mis películas (Atrapa la Bandera o El Fotógrafo de Mauthausen, por citar algunas) en el cine Víctor, o interpretar en concierto todas aquellas bandas sonoras que de niño me hacían vibrar en la oscuridad de mis templos sagrados.

 

Para ir terminando, he de agradecer que la vida me haya compensado aquellas desapariciones pasadas, con la llegada paulatina de seres maravillosos como ustedes. Me siento multimillonario en buenos amigos, fieles y entregados. ¡Cada uno tiene un lugar especial en mi corazón!

 

Por otro lado, quisiera decirles que si estoy aquí a día de hoy es más gracias a los fracasos que a los éxitos. Lo que el público ve es siempre la punta del iceberg. Si hoy en día estamos celebrando esta medalla es porque, en la balanza, los escollos, los desafíos y los noes han sido mucho más numerosos que los focos. ¡Pero ojo, no he dejado que pesen más!

 

Ante las derrotas solo quedan dos opciones: mantenerse firmes y seguir en la brecha o quebrarse y rendirse. Y esto último, tal y como titulé una de mis piezas para “Atrapa la Bandera”, no es una opción. Rendirse no es una opción. Por cierto, gracias inmensas a la maravillosa Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife por hacerme el regalo de interpretar esa música esta noche.

 

Por eso, esta medalla está dedicada a mi hijo: Eduardo Navarro Molowny, esa persona excepcional que ha llegado para darle el mayor de los sentidos a mi vida. Eduardo: abraza siempre muy fuerte la virtud de la voluntad, de la disciplina y del trabajo bien hecho, nunca dejes de soñar a lo grande. ¡Que la fuerza te acompañe!

 

A todos muchísimas gracias por estar aquí y… ¡que viva la música!

 

 

* Diego NAVARRO REYES (1972-)

Músico, compositor y director de orquesta.

Fundador y director del Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife – FIMUCITÉ. Creado el año 2006 y, por tanto, el más antiguo de Europa.

En la actualidad está considerado como una de las voces más relevantes de la música para el cine en España, habiendo escrito las partituras de las bandas sonoras de exitosos films como «Atrapa la Bandera», «El Fotógrafo de Mauthausen» o «DOS», entre otros.

Vive y trabaja en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias) su ciudad natal.

 

 

Santa Cruz de Tenerife, 10 de noviembre de 2022.

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