Para que no olvidemos (Lest we forget)

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Para que no olvidemos (Lest we forget)¹

 

Constantino Criado Hernández *

 

 

Hace dos años, coincidiendo con la celebración del Remembrance Day en el Reino Unido, publiqué un artículo sobre la tradición británica de lucir una amapola (Poppy) en la solapa en conmemoración del Armisticio de la Primera Guerra Mundial[1].

 

Ahora escribo sobre una familia británica afincada en Tenerife, cuyos tres hijos se vieron inmersos en aquella larga y terrible contienda; uno de ellos, piloto del Royal Flying Corps, perdió la vida en acto de servicio hace ahora 109 años.

 

La familia Reid y mi familia materna estuvieron unidas por vínculos profesionales durante unos dieciocho años. Ambas fueron vecinas en el Puerto de la Cruz durante el periodo entreguerras y las dos sufrieron las consecuencias de los conflictos bélicos que sacudieron al Reino Unido y a España en la primera mitad del siglo XX.

 

La familia Reid, de origen escocés, lleva asentada en Tenerife desde mediados del siglo XIX; el primer Reid llegó a Canarias para trabajar con sus primos Miller de Las Palmas, pero pronto fue enviado al Puerto de la Orotava (que ahora conocemos como el Puerto de la Cruz) para abrir una sucursal; algo más tarde fundó su propia empresa comercial, dedicándose a la exportación de productos agrícolas al Reino Unido y a la importación de manufacturas británicas.

 

Guy Patrick Spence Reid nació en el Puerto de la Cruz (Tenerife) el 16 de mayo de 1897 y era hijo de Thomas Reid y Lizette Reid (de soltera Livings), quienes ya tenían dos hijos: Noel y Walterio (que en el Puerto de la Cruz sería conocido como Rio).

 

El enrarecido ambiente geopolítico de finales del siglo XIX y principios del XX terminaría desembocando en el primer gran conflicto bélico del siglo: la Gran Guerra (más tarde conocida como Primera Guerra Mundial). Esta dolorosa conflagración afectó tanto a las familias británicas asentadas en nuestro archipiélago como a las familias canarias, aunque de diferente manera.

 

Mi familia, residente en aquellos momentos en San Juan de la Rambla, vio perjudicada su economía por el hundimiento de las exportaciones de plátano a Europa, lo que obligó a mi abuelo materno a emigrar a Cuba para, desde allí y con el producto de su trabajo, enviar remesas de dinero para sostener a su esposa e hijos, que se quedaron en Tenerife. Pero, sin duda, la peor parte afectó a los británicos afincados en Canarias.

 

No solo sufrieron las consecuencias económicas de la guerra, sino que aquellos que estaban en edad militar se alistaron para combatir en un conflicto que, en un principio, parecía de rápida resolución. Y así lo hicieron los tres hijos del matrimonio Reid: Noel, Walterio (Rio) y Guy. Partieron para el frente y lejos de este, en Tenerife, quedaron sus padres -Thomas y Lizette- inmersos en la tristeza y la angustia.

 

Años después serían mis abuelos -­­Manuel y Concepción-, que se habían mudado al Puerto de La Cruz, los que padecieron el horror de ver partir al frente a sus dos hijos mayores (Antonio y Manuel). En este caso lucharían en la cruel y salvaje Guerra Civil Española, cuyas heridas, 87 años después de finalizar el conflicto, aún no han terminado de cicatrizar.

El segundo teniente Guy Patrick Spence Reid vistiendo el uniforme del Regimiento Seaforth Highlanders (foto cedida por don John Reid).

 

Guy Patrick Spence Reid se incorporó al British Army, formándose como oficial en el Royal Military College, una academia militar situada en Sandhurst (Berkshire, al oeste de Londres).

 

En agosto de 1915, ya con el grado de segundo teniente (equivalente al de alférez en nuestro país) se unió al Regimiento Seaforth Highlanders, pero pronto, tras obtener la licencia de vuelo en la Military School de Farnborough, se incorporó como oficial de vuelo al Royal Flying Corps[2] siendo destinado al 20th Squadron. Esta unidad se formó en Netheravon en septiembre de 1915 y fue enviada a Francia el 23 de enero de 1916.

 

El oficial de vuelo Reid obtuvo su primera victoria aérea el 7 de febrero de 1916 a los mandos de un avión Royal Aircraft Factory EF.2b, un biplano biplaza. Era un aparato muy ligero (935 kg) y estaba propulsado por un motor lineal Beardmore de 165 caballos de potencia.

 

Con una envergadura de 14,6 m y 9,8 m de longitud, su fuselaje y planos estaban construidos de madera y forrados de tela. El EF.2b estaba armado con dos ametralladoras Lewis, de 7,7 mm (0,303 pulgadas), manejadas por el observador, que podía disparar al frente y hacia atrás. Era un avión de aspecto extraño para los estándares actuales, pero cumplió su papel y se mantuvo en servicio hasta el final del conflicto en 1918.

Un avión Royal Aircraft Factory EF.2b como el que pilotó Guy Patrick Spence Reid durante la Primera Guerra Mundial.

 

El segundo teniente Guy Patrick Spence Reid con la ropa de vuelo del Royal Flying Corps (foto cedida por don John Reid).

 

A la primera victoria del segundo teniente Reid, conseguida al derribar un avión alemán Fokker Eindecker, se sumarían cuatro más, convirtiéndose el seis de septiembre de 1916 en uno de los 44 ases[3] del 20th Squadron. El 26 de octubre se le concedió la Military Cross y el 30 de octubre fue promovido a Flight Commander con el grado de capitán honorario.

 

En diciembre fue destinado a Inglaterra para servir como instructor de vuelo en la base del Royal Flying Corps ubicada en Lincolnshire. El 1 de enero de 1917 fue ascendido a teniente. Por desgracia, el 16 de octubre de 1917, en un vuelo de instrucción con el segundo teniente Cameron (escocés de Aberdeen), su aparato cayó inesperadamente desde una altura de 270 m, lo que provocó la muerte de sus dos ocupantes.

 

Los restos de Guy Patrick Spence Reid descansan en el cementerio de Newport (Lincoln). En 1922, a título póstumo, se le reconoció el grado de capitán y se le otorgó la British War & Victory Cross.

 

Sus dos hermanos sobrevivieron a la Gran Guerra. Noel fue condecorado con la Distinguished Service Order (DSO) y la Military Cross, pero en 1917 resultó gravemente herido y hubo de pasar varios meses en un hospital de Manchester (Inglaterra).

 

La historia de Guy Patrick Spence Reid ejemplifica el sufrimiento de toda una generación que padeció el azote de la Gran Guerra; solo en el Reino Unido hubo alrededor de 876.084 casos similares al suyo y algo más de dos millones de heridos como su hermano Noel.

 

En una necrológica dedicada al capitán Guy Patrick Spence Reid se cita el nombre de su novia, la señorita Margaret Sheldon, cuya hermana también perdió a su prometido en el conflicto bélico. Por desgracia, el mundo seguiría sufriendo el azote de la guerra.

 

En septiembre de 1939, cuando mis dos tíos regresaban ilesos de la Guerra Civil Española, el Reino Unido volvía a entrar en guerra. De nuevo, la familia Reid vio partir a dos de sus miembros a diferentes frentes de operaciones.

 

Noel Reid combatió en Somalia y su hijo mayor, al que, en honor a su hermano caído habían bautizado como Guy Patrick Spence Reid, murió durante la evacuación del British Expeditionary Force (Operación Dinamo); sus restos descansan en el Oostduinkerke Cemetery (Bélgica).

 

¡Cuánto dolor genera una guerra!: jóvenes arrancados a la vida, futuros compartidos rotos, población civil masacrada, heridos y mutilados, ciudades arrasadas, viudas y huérfanos, hambre y miseria, persecución, padres con sus almas destrozadas…

 

Es necesario seguir recordando a las víctimas de las guerras, como homenaje a ellas y trabajar por la paz manteniendo viva su memoria con el firme propósito de que ninguna familia, como le ocurrió a los Reid y a los Hernández Quintero, vea, con el alma destrozada, como sus hijos parten para el frente.

 

 

*  Constantino CRIADO HERNÁNDEZ

Profesor (jubilado) de Geografía de la Universidad de La Laguna (ULL)

 

 

[1] Agradezco al señor don John Reid la ayuda que me ha prestado para la redacción de este artículo.

 

[2] https://canariasenpositivo.com/11-de-noviembre-the-remembrance-day/

 

[3] El Royal Flying Corps y el Royal Naval Air Service se fusionarían en abril de 1918 para formar la Royal Air Force (RAF).

 

[4] En aviación militar se considera un As al piloto que ha derribado en combate cinco aviones enemigos.

 

 

Islas Canarias, 23 de octubre de 2026

 

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